Qué tal un paseo antes de cenar?
El mejor lugar para disfrutar del final de la tarde, antes de salir de tapeo por la ciudad, es, sin duda, este parque. El más céntrico, con mejores vistas, con mayor variedad botánica, el paseo obligado por excelencia para todos los compostelanos y visitantes.

Parece ser que su configuración como parque se remonta al siglo XIX, gracias a la donación de los terrenos a la ciudad por parte del Conde de Altamira, allá por el XVI.
La ubicación es privilegiada: lindando la zona monumental, y con una altura suficiente como para brindar unas vistas al conjunto histórico artístico formado por la catedral y los monumentos aledaños, que le ha otorgado el honor de ser el trípode de la mayoría de las fotos paisajísticas de la zona antigua de Santiago.

Por sus veredas podemos encontrar inmortalizados a escritores como Federico García Lorca (1898 - 1936), que visitó la ciudad hasta en cuatro ocasiones, la compostelana Rosalía de Castro (1837 - 1885), Valle Inclán (1866 - 1936), o la figura erguida de una lechera, en honor a todas esas mujeres que abastecían de leche a la incipiente Compostela urbana hasta mediados de los años ochenta.
Varias pequeñas fuentes de piedra van jalonando el paseo, que nos irá moviendo de unas vistas espectaculares a la catedral, hasta otras panorámicas de la zona sur de las universidades y montes cercanos.

Dentro del parque tropezaremos con dos iglesias: “Santa Susana” (originalmente del S. XII, pero reconstruida en los XVII y XVIII) ya en desuso, ubicada en la parte más alta, justo en medio de la carballeira (robledal) de Santa Susana, y “El Pilar” (S. XVIII), en un lateral del parque. Este típico robledal ubicado en el centro del parque, albergó hasta entrados los años setenta, la feria de ganado semanal de la ciudad. Por lo que una buena área, periódicamente, se convertía en un trasiego de vacas, ovejas, bestas (yeguas), y demás animales.
Como buen parque, lo más llamativo son las especies arbóreas. Históricamente reseñables son los eucaliptos traídos de Oceanía en el S. XIX por Fray Rosendo Salvado, que según la tradición oral, son los primeros plantados en España y probablemente en Europa. Ciertamente, muchos siglos después, bien podrían tener el honor de ser la onceava plaga del Éxodo narrado en el Antiguo testamento bíblico de la religión cristiana. En poco más de un siglo, esta especie ha monopolizado los bosques atlánticos gallegos, dejando las extensiones de robles y castaños poco más que como una ridícula anécdota de lo que antaño ocupaban y representaban para la cultura y tradición gallega. También es reseñable el abeto plantado por Eva Perón (primera dama en la Argentina de Juan D. Perón de mediados del siglo pasado).
Si caminamos con sigilo y sabemos observar, podremos ver multitud de pequeños paseriformes, palomas torcaces, tórtolas turcas, algún vuelo de los halcones peregrinos que pernoctan en las torres de la catedral, y por las noches, otros seres más esquivos como cárabos que se pueden escuchar ululando y erizos rebuscando alimento entre la hojarasca.
Y, aconsejamos ese final de tarde para disfrutarlo porque ver la catedral iluminada por la luz cálida del atardecer es una estampa difícil de olvidar. Y se encuentra literalmente enfrente del hotel.
